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Salima Mukansanga: la primera mujer en arbitrar la Copa Africana de Naciones

Salima Mukansanga

Salima Mukansanga: la primera mujer en arbitrar la Copa Africana de Naciones

Foto Instagram @salma_rhadia

Salima Mukansanga ha roto barreras de género al convertirse en la primera mujer en arbitrar en la Copa Africana de Naciones masculina y participar como árbitra en la Copa Mundial de la FIFA 2022, desafiando normas establecidas en un entorno predominantemente masculino.

La respuesta fue no. Cuando una adolescente ruandesa se acercó a la Federación de Fútbol de Ruanda con la intención de formarse como árbitra, la contestación fue tajante: era demasiado joven. Cualquier otra persona habría archivado la idea como una anécdota de juventud. Salima Mukansanga, en cambio, hizo algo distinto: se sentó a estudiar las reglas del arbitraje por su cuenta, sin federación, sin mentores, sin la validación que le habían negado. Años después, esa misma mujer caminaría por el círculo central de un estadio de la Copa Africana de Naciones masculina, algo que ninguna mujer había hecho antes.

La historia de Mukansanga no es la de un talento descubierto a tiempo. Es la de una negativa que no se convirtió en resignación. Y en esa decisión temprana, de aprender lo que nadie quiso enseñarle todavía, está la raíz de todo lo que vendría después: un camino que la llevaría de los partidos escolares en el distrito de Rusizi, en el oeste de Ruanda, hasta los banquillos de la Copa Mundial de la FIFA 2022 en Qatar.

Salima Mukansanga y el arbitraje como territorio vedado para las mujeres

Para entender el peso de lo que logró Salima Mukansanga hay que entender primero el terreno que pisó. El arbitraje de fútbol de alto nivel, y en particular el que se ejerce en competiciones masculinas, ha sido durante décadas un espacio construido casi exclusivamente por y para hombres. No se trataba solo de quién dirigía los partidos, sino de quién decidía que una mujer no estaba capacitada para hacerlo, una decisión tomada mucho antes de que ninguna mujer tuviera oportunidad de demostrar lo contrario.

Mukansanga conoció ese muro de cerca. Antes de convertirse en árbitra reconocida por la FIFA, mientras cursaba sus estudios de enfermería y obstetricia en la Universidad de Gitwe, le pidieron que dirigiera un partido de niños en la Escuela Secundaria St Vincent de Paul, en Musanze. Fue ahí, en un campo escolar y sin ninguna intención de hacer historia, donde nació su interés por el silbato, un interés que además llegó después de haber pasado antes por el baloncesto, otro deporte en el que se había involucrado antes de encontrar su lugar definitivo en las canchas de fútbol. Cuando intentó formalizar ese interés, la respuesta institucional fue la edad como excusa. Ella no discutió la decisión: la esquivó. Aprendió los fundamentos del arbitraje de forma autodidacta hasta que, más adelante, se le abrió la puerta para entrenarse junto a otros árbitros nuevos.

Ese desvío, lejos de ser un obstáculo menor, terminó siendo el cimiento de una carrera que la FIFA reconocería internacionalmente desde 2012. Lo que separaba a Mukansanga de otras mujeres con la misma ambición no era el talento, sino la insistencia en seguir aprendiendo incluso cuando el sistema le cerraba la puerta.

Salima Mukansanga rompe el techo del arbitraje masculino en África

El primer gran quiebre llegó en la Copa Africana de Naciones, el torneo de selecciones masculinas más importante del continente. Durante generaciones, ese terreno había sido exclusivamente masculino, no solo en las canchas sino también en las bandas y en el centro del campo, entre los árbitros. Salima Mukansanga cambió esa realidad al convertirse en la primera mujer en arbitrar un partido en esa competición.

No fue un gesto simbólico ni una concesión protocolaria. Dirigir un encuentro de la Copa Africana de Naciones exige el mismo nivel de exigencia física, técnica y de criterio que se le exige a cualquier árbitro varón en el torneo. Que una mujer estuviera al mando de ese pitido significaba, en los hechos, que la barrera que durante años se justificó con supuestas limitaciones de capacidad, no existía tal barrera, existía únicamente la falta de oportunidad.

El impacto de ese momento trascendió el marcador del partido. Cada niña que veía por primera vez a una mujer arbitrando fútbol masculino de alto nivel recibía, sin necesidad de discursos, una prueba concreta de que ese espacio también podía ser suyo. Y ese impacto no se quedó únicamente en el continente africano: la noticia de que una mujer había dirigido un partido de la Copa Africana de Naciones circuló como una señal de que las federaciones de todo el mundo podían empezar a revisar sus propios prejuicios sobre quién estaba capacitado para arbitrar al más alto nivel.

Salima Mukansanga y su llegada a la Copa Mundial de la FIFA 2022

Ese quiebre africano tuvo una continuidad global. En la Copa Mundial de la FIFA 2022, disputada en Qatar, Salima Mukansanga fue seleccionada como una de las árbitras del torneo, participando como cuarta oficial. No estaba sola en ese hito: junto a ella, la francesa Stéphanie Frappart y la japonesa Yoshimi Yamashita se convirtieron, las tres juntas, en las primeras mujeres en formar parte del cuerpo arbitral de un Mundial masculino en toda la historia del torneo.

Que fueran tres, y no una sola, importa. Una excepción aislada puede leerse como una anomalía tolerada; tres mujeres trabajando simultáneamente en el torneo más observado del planeta empieza a parecerse a un cambio estructural. La presencia de Mukansanga en Qatar no llegó de la nada: antes había sido oficial en la Copa Mundial Femenina de la FIFA 2019 en Francia, un recorrido que fue construyendo, partido a partido, la credibilidad que finalmente la llevó al torneo masculino más grande del mundo.

Salima Mukansanga y lo que cambió después de ella

Antes de Salima Mukansanga, la idea de una mujer arbitrando un partido de la Copa Africana de Naciones masculina o de un Mundial de la FIFA no era una posibilidad discutida: simplemente no estaba sobre la mesa. Su carrera obligó a moverla ahí. No lo hizo con declaraciones ni con demandas públicas, sino con la evidencia más difícil de refutar: dirigir los partidos con la misma exigencia que cualquier colega varón, en los mismos torneos, bajo la misma presión.

Lo que cambió gracias a ella no se mide únicamente en la cantidad de partidos que dirigió, sino en la pregunta que dejó de tener sentido después de su paso por esos estadios: ya no se trata de si una mujer puede arbitrar fútbol masculino de élite, sino de cuántas más lo harán a partir de ahora. Cada niña que hoy se anima a estudiar las reglas del juego, como ella lo hizo sola en Ruanda antes de que nadie le diera permiso, tiene un poco menos de muro por delante gracias al camino que Salima Mukansanga ya recorrió.

Preguntas frecuentes

¿Quién es Salima Mukansanga?

Salima Mukansanga es una árbitra ruandesa reconocida por ser la primera mujer en arbitrar un partido de la Copa Africana de Naciones masculina y formar parte del cuerpo arbitral del Mundial 2022.

¿Cómo comenzó Salima Mukansanga su carrera en el arbitraje?

Inició su carrera autodidactamente, estudiando las reglas del arbitraje por su cuenta tras ser rechazada por la Federación de Fútbol de Ruanda debido a su edad.

¿Qué logros ha alcanzado Salima Mukansanga en el fútbol masculino?

Ha sido la primera mujer en arbitrar en la Copa Africana de Naciones y participó como cuarta oficial en la Copa Mundial de la FIFA 2022.

¿Cómo impactó Salima Mukansanga en el arbitraje femenino?

Su presencia en competiciones masculinas de alto nivel demostró que las mujeres pueden arbitrar fútbol masculino, inspirando a futuras generaciones de árbitras.

Palmarés

  • 2012 — FIFA — Reconocimiento como árbitra internacional
  • 2019 — Copa Mundial Femenina de la FIFA — Oficial
  • 2022 — Copa Mundial de la FIFA en Qatar — Cuarta oficial

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